DEBEMOS DE MIRARNOS EN EL ESPEJO.

No quiero que seamos como Narciso, que no dejaba de mirarse en el espejo y casi como la bruja de blancanieves se preguntaba con frecuencia que quien era el más guapo. El espejo, para no llevarle la contraria, o el agua donde se miraba Narciso, siempre respondía lo mismo: eres tú.0000

A veces en nuestras comunidades creo que somos como el espejo o como el río de aguas cristalinas: ¡qué bien hacemos las cosas!, ¡nunca tenemos el problema de equivocarnos!, ¡siempre damos consejos!, etc. la culpa, en el caso de tener un fallo o más de uno, nunca se nos podrá achacar a nosotros, siempre será de los demás porque no entienden lo que queremos decir o lo que tienen que saber.

Pero claro, hoy Jesús, hace una jugada – cual maestro del ajedrez – sensacional: ¿qué dicen los demás de mí?. Para nosotros, señalar con el dedo lo que otros no hacen o deben o tienen que hacer es muy fácil: es que en la eucaristía no se sienta como debe; es que solamente viene cuando hay una fiesta; es que en caritas no se hacen las cosas como se debiera…. Pero después viene la segunda parte: y ¿nosotros?, ¿quién es Dios para nosotros?.

Me quiero imaginar, si nos hacen la misma pregunta a la puerta de una Iglesia, que la respuesta sería casi la misma que cuando nos llaman por teléfono de alguna empresa de telefonía, o nos paran por la calle para una encuesta: no tengo tiempo, ya lo hice, ahora no puedo…. No perdona, si la pregunta es fácil: ¿Quién es Dios para tí?, para nosotros, para los que, a veces, damos lecciones, para los que decimos como hay que hacer las cosas, pero…. ¡qué pocas veces experimentamos y expresamos, que para mí, para nosotros, tú eres el hijo de Dios vivo!

Tenemos que mirarnos en el espejo de nuestra fe. Seguro que si fuéramos más consecuentes, no tendríamos tanto reparo en hacer confesión de lo que creemos como le pasó a Pedro. A veces nuestra cruz, es la propia cruz. Nos ruboriza, no nos sentimos a gusto, intentamos evitar que nos pregunten si tenemos alguna inquietud religiosa. Normalmente en círculos familiares, decimos, “si no quieres discutir, no hablemos ni de religión ni de política”. Así nos va.

Seamos mansos y humildes de corazón. Si el corazón funcionara como debiera, el espejo de la bruja de blancanieves, o el río de Narciso, no darían las respuestas que dieron. Jesús, no es ni Elías, ni Jeremías… sino el Hijo de Dios vivo, ¿Creemos eso?.

Hasta pronto. Paco Mira. 

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