NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER.

Seguimos subiendo a Jerusalén. La verdad que es de esos viajes, que de no ser por el final, (que también), no quisiera que se acabara. Tengo unos amigos que acaban de hacer el camino de Santiago desde Tejeda a Gáldar y cuando les preguntaba que qué tal había resultado, me comentaban que era duro, que había tramos en los que el esfuerzo era considerable, pero que había merecido la pena: nos encontramos con nosotros mismos, con la pareja con la que compartíamos caminata, las agujetas parecían cosquillas por la felicidad que se irradia.

Creo que en nuestro caminar, hacia Jerusalén, la caminata es dura, eso de la conversión no es nada fácil, eso de creer en el evangelio en los tiempos que estamos viviendo y que muchas veces no vemos la luz al final del túnel, no es sencillo y más sabiendo que el final es una cruz que nos abre la puerta a continuar adelante. ¡Qué fácil es escribir o hablar de ello, pero qué difícil es ponerlo en práctica!.

Las lecturas de este fin de semana parecen escritas antesdeayer. En la primera (del segundo libro de las Crónicas) nos habla de la corrupción de los que tienen el poder, ¿A qué nos suena?. En aquellos tiempos en los que el pueblo judío no salía de una para meterse en otra, encima los que los dominaban abusaban de una manera escandalosa. Hoy, que los tiempos también son duros, muchos se aprovechan en la que a «río revuelto, ganancia de pescadores».

En el evangelio, Jesús habla con su amigo Nicodemo. Pero la escena hace desaparecer rápido a Nicodemo y Jesús sigue con su discurso. Duro, como en él suele ser habitual cuando no le gusta una cosa (recordemos que el domingo pasado cogía hasta un látigo) y avisa al pueblo que la situación ha de cambiar. En el libro de las crónicas, Dios también envía emisarios, pero el pueblo y las autoridades no le hacen caso.

Nicodemo representa a todos aquellos que con sinceridad de corazón buscan a Dios, buscan la verdad y se convierten para ello. Todavía sigue habiendo gente que como Nicodemo sigue buscando la luz a pesar de las dificultades. Me emocionaba estos días como el Papa Francisco superando todas las adversidades que pudiera tener en Irak, quiso viajar a Ur, la patria de Abrahám, para que como él, ponerse en camino.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El salmo de este fin de semana habla de que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de tí. Nuestra sociedad y nuestro mundo solo se acuerda de dios cuando las aguas bajan turbias, cuando los momentos de angustia son grandes, cuando nos vemos con la soga al cuello y no somos capaces de dar una respuesta…. miramos al cielo. Todavía siguen quedando – gracias a Dios – muchos Nicodemos de la vida. Sigue habiendo hombres y mujeres de buena voluntad que son capaces de compartir la alegría del evangelio con aquellos que más lo necesitan por las necesidades que están pasando.

Ojalá nosotros seamos de aquellos que irradiamos luz, como las estrellas, pero porque hemos sido capaces de asumirla. Ojalá que nos vean como los que nos hemos convertido y hemos creído en la buena noticia a la que llamamos evangelio.

Es el domingo de la alegría. Es el domingo de sentirnos satisfechos porque, cual antorcha, vamos delante de quien nos ha marcado el paso.

 

 Feliz Cuaresma. Hasta la próxima. Paco Mira

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