PERO ¡NO TE VEO!

Si hay cosa complicada en la fe, es poder dar a entender la resurrección. Mi abuela, que en paz descanse, decía que cuando ella muriese la cambiaran de ropa y le pusieran una ropa, si no nueva, al menos limpia: ¡ no iba a presentarse ante el » jefe » de cualquier manera!. Y la forma de pensar de mi abuela no era excesivamente descabellada en relación a lo que actualmente podemos seguir pensando. Seguro que entendemos cualquier otro pasaje del evangelio, lo explicamos con razonamientos lógicos, buscamos las fuentes y les damos la vuelta, pero lo que es la resurrección, como que nos cuesta.

¡ Qué más quisiéramos que ser como Tomás!. El domingo pasado se llevó el premio, porque tocó y creyó; con miedo porque tenían las puertas cerradas, pero al final tuvo lo que esperaba, tuvo recompensa a la insistencia. Para él la resurrección fue como para muchos de nosotros que si no vemos o no tocamos no creemos. Pero claro, ¿hoy, a dónde tenemos que ir que estén con las puertas cerradas, con miedo, que nos digan que lo vieron, que uno sea capaz de discrepar y no creer?.


Creo que lo primero que tenemos que pensar es que Jesús sigue apareciéndose y sigue diciéndonos, «paz a ustedes». Lo primero que tenemos que hacer para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros y hacer circular en nuestros grupos, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo. Nosotros tenemos que ser los primeros en creer que nuestro amigo Jesús no es un fantasma que vio Tomás. No es un figurante de ópera – como quizás en algún tiempo dimos a entender -, sino que se una persona viva que nos acompaña de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.
A veces pensamos que es como el mago que saca el conejo de la chistera. Creer y tener fe es proceso largo, a veces tedioso, a veces con ganas de arrojar la toalla, a veces con ganas de bajarse de esta maravillosa aventura… pero que en la insistencia está el premio y no hay mayor alegría que el reconocer en nuestra vida, al que , por amor, entrega su vida para que nosotros la tengamos.
Hoy Jesús sigue poniéndose en medio de nosotros como lo hizo con los discípulos. Hoy Jesús nos sigue diciendo que la paz estén con todos y cada uno de nosotros. Hoy Jesús también, como a Tomás, nos pide que toquemos sus heridas. Heridas de hombres que viven la tristeza de la soledad; Heridas de hombres y mujeres que viven la desesperación de la inmigración con la casi certeza de que nosotros no les abrimos las puertas porque tenemos miedo; Heridas de hombres y mujeres que son maltratados por las mafias explotadoras que sin escrúpulos se aprovechan de tiempos inciertos; Heridas de hombres y mujeres que no pueden llegar a fin de mes por la mala gestión económica de unos pocos; Heridas de hombres y mujeres que en la soledad de la habitación de un hospital o de una residencia o de su casa… no tienen con quién compartir la alegría de la Pascua.
Hoy, probablemente, seguimos preguntándonos que no le vemos, que dónde está el resucitado, que dónde queda la alegría de un sábado en el que hemos cantado aleluya. Y él nos sigue diciendo, Paz a ustedes y lo hace en medio de nosotros. Pero ¿por qué estamos tan ciegos?, No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Amigos, estamos en la Pascua, en la alegría de la Pascua, de Jesús resucitado. Abramos los ojos y seguro que no tendremos que preocuparnos de cómo será, sino que ya es y está en medio de nosotros.

FELIZ PASCUA. Hasta la próxima. Paco Mira

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