TAMBIÉN HAY RESTRICCIONES EN BELÉN.

¡ Y tanto que las hay!. Seguro que no sería por el covid, no el 19, pero a lo mejor por algún virus. Pero seguro que sí las hubo porque todos los que llegaban no tenían sitio «en la posada», en los hoteles del tiempo, en los lugares más inesperados. Buscando, se encontró un lugar probablemente insolubre: olor a estiércol, moscas por todos los lados, paja húmeda por los orines de los animales, basura acumulada… todo ello propiciaría algún tipo de enfermedad que podría incluso ser contagiada.

Pero las curiosidades de la vida hace que en el siglo XXI, también hay un virus. Un virus que no nos deja con la tranquilidad de poder celebrar la fiesta que da sentido a nuestras vidas. Seguro que también, hace dos mil años, el nacimiento de Jesús pasó desapercibido. No pasó desapercibido para los más allegados, para María, para Isabel una prima que no esperaba que fuera protagonista de una historia determinante, para José un hombre al que se le viene encima una papeleta que hoy no quisiéramos ninguno… y todo empezó en una casa, a la que acude un ángel y hace que la historia se cuente de otra manera.

Hemos estado viajando, en este tiempo de adviento, hasta Belén, hasta la tierra del pan, hasta lo habitual y cotidiano que es donde este personaje que hoy celebramos se hace presente Y es curioso que hay muchos pesebres en nuestro avanzado año tecnológico (casi llegamos a Marte, traemos piedras de la luna, etc…) que huelen a porquería y casi diría que están contaminados: pateras que consentimos que sigan llegando; desahucios que se siguen produciendo, Ertes que condicionan la vida de muchas familias, como la de Belén, agobios cuando se está aproximando el final de mes….

Seguro que cuando suena la campana y me asomo a la ventana- como canta el villancico – veo a un Jesús revolviendo en el contenedor de la basura en busca de algo que llevarse a la boca, o veo a una familia en una de las colas del hambre esperando a un plato de algo caliente que llevarse a la boca gracias a la generosidad de muchos que todavía pueden permitirse el lujo (porque lo es) de ayudar a otros.

A los pobres todavía se les pide la mascarilla. Piensan que los que nada tienen pueden contagiar a algunos que tienen algo. No veo un belén casero o real con pastores con mascarilla y la PCR realizada para acudir a visitar a una María que todavía no da crédito a lo que ha sucedido en ella. Una María que a pesar de las dificultades no ha dicho que no en ninguno de los momentos a un Dios del que se fía en todos y cada una de las circunstancias.

Amigos es Navidad: la VIDA nace en tí y en mí. En todos y cada uno de nosotros y que nazca la vida, supone experimentar la vida para poder regalarla. Dios, como le dijo a María por medio del Ángel, nos dice que no tengamos miedo, que seamos capaces de seguir adelante, que Belén no es el final de ningún tramo, sino que Dios hizo una parada para hacerse hombre, pero que todavía, después de dos mil años, sigue caminando con todos y cada uno de nosotros: «Jesús se hizo hombre y acampó entre nosotros», nos dice Juan, lo creemos, con virus o sin él, con mascarilla o sin ella, con PCR o sin ella, … Dios nunca nos abandona y por ello celebramos la Navidad.

Amigos, FELIZ NAVIDAD. Feliz acogimiento de Dios entre nosotros. Feliz reto para todos y cada uno de nosotros. Más que felicitar la navidad les pido que HAGAMOS NAVIDAD.

                                                                                                                    Hasta la próxima. Paco Mira.

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